A 80 años de convertirse en la primera autora latinoamericana en obtener el Premio Nobel de Literatura, el legado de Gabriela Mistral continúa vigente. La reciente pieza teatral “INFINITA, paisajes de Gabriela” y el recuerdo de la emotiva reacción de la poeta al conocer la noticia del galardón en Brasil dan cuenta de una figura que trasciende generaciones.
“INFINITA, paisajes de Gabriela”: un viaje al universo poético de la Nobel
La vida y obra de Gabriela Mistral regresan a los escenarios a través de “INFINITA, paisajes de Gabriela” , una coproducción del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) y la compañía La Llave Maestra. El montaje propone una experiencia sensorial inspirada en la escritora, considerada una de las voces más influyentes de la literatura hispanoamericana.
La obra sitúa a Mistral en los últimos momentos de su vida, desde donde emprende un recorrido por sus recuerdos, emociones y paisajes interiores. Montañas, estrellas, desiertos y fragmentos de memoria se entrelazan en una puesta en escena que combina teatro visual, objetos, música y movimiento.
Dirigida por Edurne Rankin y Álvaro Morales, la pieza prescinde casi por completo de las palabras y apuesta por las imágenes para representar la profundidad y sensibilidad de la autora de “Desolación” . El espectáculo constituye un homenaje a la dimensión más humana y poética de una mujer cuya influencia continúa inspirando nuevas expresiones artísticas.
El día que Gabriela Mistral recibió el Nobel en Río de Janeiro
La noticia que cambiaría para siempre la historia de las letras latinoamericanas sorprendió a Gabriela Mistral en Petrópolis, ciudad ubicada en el estado de Río de Janeiro, Brasil, donde ejercía funciones diplomáticas como cónsul de Chile.
En 1945, la escritora se convirtió en la primera mujer de América Latina en recibir un Premio Nobel. Sin embargo, lejos de las celebraciones oficiales, su reacción estuvo marcada por la humildad y la fe.
Según recoge una investigación publicada por La Tercera , al enterarse del reconocimiento internacional, la poeta cayó de rodillas frente a un crucifijo y pronunció una frase que quedó grabada en la memoria de quienes la rodeaban:
«¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a esta tu humilde hija!».
Aquella escena reflejó la profunda espiritualidad de Gabriela Mistral y la manera en que asumió uno de los mayores honores de su trayectoria. Ocho décadas después, su legado permanece vivo no solo en sus poemas y ensayos, sino también en las nuevas generaciones de artistas que encuentran en su obra una fuente inagotable de inspiración.
Desde Brasil hasta los escenarios chilenos, la presencia de Gabriela Mistral parece desafiar el paso del tiempo. Su poesía, su pensamiento y su sensibilidad continúan dialogando con el presente, reafirmando la inmortalidad de una de las figuras más universales de la cultura nacional.
